¿Qué es Obesidad Morbida?

La obesidad mórbida, es una enfermedad de origen multifactorial, con un gran componente genético, y por ello es crónica y progresiva. Los pacientes con genes de obesidad, pueden perder con más o menos sacrificio todo o parte del peso excesivo, pero mantienen de por vida la tendencia a recuperarlo.

Asociada a importantes complicaciones físicas y psicológicas que contribuyen a empeorar la calidad de vida de los pacientes y disminuir su esperanza de vida y puede ser controlable.

Este tipo de obesidad es rebelde a cualquier tipo de tratamiento médico y predispone a graves enfermedades como diabetes tipo 2, enfermedad cardiaca, enfermedad cerebral, incrementa el riesgo de cáncer, produce trastornos de vesícula biliar, enfermedad por reflujo gastroesofágico, afecciones músculo-esqueléticas, problemas respiratorios, trastornos del sueño, trastornos psicosociales con compromiso de la salud y/o bienestar.

Cuando se llega a una obesidad en grado severo (IMC mayor de 35), se produce un cambio en el metabolismo de esa persona, de manera que se facilita la ganancia progresiva de peso, y se vuelve difícil perder peso.

Existe consenso científico que permite definir la obesidad en función del valor del índice de masa corporal (IMC) entendido como el cociente entre el peso en Kg y la talla en metros al cuadrado.

IMC = Peso Actual / (Talla en metros)2

El IMC expresa el peso en kilogramos por metro cuadrado de superficie corporal (kg/m2).

Clasificación en base a IMC kg/m2

  • Normal <24.9
  • Sobrepeso 25- 26.9
  • Obesidad Leve 27- 29.9
  • Obesidad Moderada 30- 34.9
  • Obesidad Severa 35- 39.9
  • Obesidad Mórbida 40- 49.9
  • Súper-obeso 50- 59.9
  • Súper/súper obeso >60

 

Enfermedades que produce la Obesidad

Diabetes y Obesidad

La diabetes mellitus es una enfermedad metabólica caracterizada por niveles elevados de glucosa en la sangre (hiperglucemia). La glucosa es un tipo de azúcar que sirve como una importante fuente de combustible para las células del cuerpo. La glucosa que no es necesaria para uso inmediato se puede almacenar dentro de la grasa del hígado y de las células del músculo como glucógeno o grasa. La hormona insulina, producida por las células beta en el páncreas y liberada en respuesta a un aumento de la glucosa en la sangre después de una comida, hace que las células absorban la glucosa de la sangre. Si se da una insuficiencia de insulina y/o las células del cuerpo no responden a ella apropiadamente, las células no pueden utilizar o almacenar la glucosa, provocando la intolerancia a la glucosa y la hiperglucemia.

Hay varias formas diferentes de la diabetes, incluyendo el tipo 1, el tipo 2 y la diabetes gestacional. Las dos últimas formas están fuertemente asociadas con la obesidad. Los síntomas comunes de la diabetes del tipo 1 y tipo 2 incluyen sed excesiva, micción frecuente, fatiga extrema, visión borrosa y aumento del hambre. El inicio de la diabetes tipo 2 suele ser mucho más gradual que el de la diabetes tipo 1, con síntomas que toman mucho más tiempo para manifestarse.

Diabetes Tipo 1

La diabetes tipo 1 se produce cuando las células beta del páncreas dejan de producir insulina. También conocida como diabetes juvenil, de inicio temprano o insulinodependiente, la diabetes tipo 1 es una enfermedad crónica incurable diagnosticada más frecuentemente antes de los 40 años, lo que requiere una dependencia para toda la vida de las insulinas en conjunto con modificaciones en la dieta para la gestión de los niveles de glucosa.

Diabetes De Tipo 2

La diabetes de tipo 2 es la forma más común de la enfermedad. A veces conocida como diabetes adquirida, del adulto o no dependiente de insulina, está fuertemente asociada con la obesidad, así como con una combinación de factores de riesgo modificables y no modificables como la dieta, la falta de actividad física, la edad y la historia familiar. Se produce cuando las células no responden adecuadamente a los niveles normales de insulina, un estado conocido como resistencia a la insulina, que puede ocurrir en paralelo con la producción de insulina deteriorada.

La resistencia a la insulina es una complicación importante de la obesidad y la mayoría de las personas diagnosticadas con diabetes tipo 2 son obesos. Sin embargo, muchas personas obesas no desarrollan diabetes, y todavía no se ha establecido un origen causal común. Es evidente que la distribución de la grasa es importante en la producción de la resistencia a la insulina y la diabetes tipo 2 en los individuos obesos, destacando particularmente en la obesidad central. El tejido adiposo de distribución central, conocida como grasa visceral, es más activo metabólicamente que la grasa subcutánea localizada predominantemente en la parte inferior del cuerpo, aunque ambas formas de tejido adiposo pueden tener un significativo impacto metabólico cuando están presentes en cantidades excesivas.

La obesidad se clasifica como un estado inflamatorio crónico, con la exposición continuada a niveles de nutrientes superfluos que conducen a daños en las células dentro de los tejidos metabólicos del páncreas, hígado, cerebro, músculo esquelético y otras partes del cuerpo a través de una serie de mecanismos. Este daño puede contribuir al desarrollo de una resistencia a la insulina así como a la disfunción de las células beta, dando lugar a un círculo vicioso en el que la resistencia a la insulina crea una mayor demanda de producción de insulina que no puede ser satisfecha por las células beta disfuncionales. Sin embargo, puesto que no todos los individuos obesos desarrollan diabetes tipo 2, existen factores adicionales que pueden intervenir.

La diabetes tipo 2 es una enfermedad progresiva, por lo que tanto las modificaciones de estilo de vida como los cambios en la dieta, la pérdida de peso y el ejercicio regular pueden ser suficientes para mantener los niveles de glucosa en la sangre dentro de los límites de seguridad durante algún tiempo; la intervención médica puede ser necesaria si la patología empeora con el tiempo. Más comúnmente se prescriben los fármacos como la metformina, que inhibe la producción de glucosa por el hígado y aumenta la sensibilidad a la insulina, u otros medicamentos que propician  la absorción de glucosa desde el intestino o estimulan a las células beta pancreáticas para producir más insulina. A medida que el páncreas se vuelve cada vez menos eficiente en la producción de insulina, puede llegar a ser necesario el uso de la insulina inyectable.

Complicaciones De La Diabetes

La diabetes se hace más difícil de manejar a medida que progresa, y si se deja sin tratamiento puede llevar a una serie de complicaciones crónicas y agudas, especialmente en presencia de otros problemas de salud tales como la hipercolesterolemia y la hipertensión, así como los factores de estilo de vida tales como fumar y un exceso de sedentarismo.

Las complicaciones incluyen enfermedades renales, retinopatía, disfunción sexual, discapacidad visual, enfermedades de las encías, susceptibilidad a las infecciones respiratorias y la neuropatía diabética. La diabetes es un factor de riesgo importante para la enfermedad cardiovascular, depresión, ciertas formas de cáncer, problemas óseos y articulares como artrosis y osteoporosis, síndrome de ovario poli quístico, trastornos del sueño como la apnea obstructiva del sueño, el síndrome de piernas inquietas y la necrobiosis (trastornos de la piel). También hay un cúmulo creciente de evidencias que sugieren que la diabetes puede estar asociada con el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer.

La Cirugía Bariátrica y la Diabetes

Es posible lograr una remisión completa de la diabetes de tipo 2 después de la cirugía bariátrica, con investigaciones recientes que indican que la mayoría de los individuos obesos con diabetes tipo 2 que se someten a cirugía de bypass gástrico lograrán una remisión completa en el plazo de un año. Los resultados postquirúrgicos de la diabetes están estrechamente relacionados con la duración de la diabetes y el uso de insulina, e independientes del peso inicial o de la pérdida de peso post-quirúrgica. La duración de la diabetes y la necesidad de medicación para controlar esta afección se encuentran vinculadas a la disminución de la función de las células beta y es probable que la función residual de las células beta sea un factor significativo a la hora de determinar la medida de la remisión alcanzable.

Se considera que los procedimientos puramente restrictivos, como la banda laparoscópica, mejoran la diabetes facilitando la pérdida de peso, mientras que los procedimientos que involucran un componente malabsortivo tales como el bypass gástrico Roux-en-Y (RYGB) o la manga gástrica tienen un impacto metabólico más complejo, indicando las investigaciones que las mejoras en la diabetes tipo 2 pueden ocurrir antes de la pérdida significativa de peso que sigue a la cirugía de bypass gástrico.

Enfermedades Cardiacas

La enfermedad cardiovascular o del corazón es el término colectivo aplicado a las enfermedades del corazón y el sistema circulatorio, enfermedad coronaria y la enfermedad arterial periférica. Se cree que la hipertensión (presión arterial alta) y la aterosclerosis (endurecimiento de las arterias) son factores que contribuyen a un importante número de casos de la enfermedad cardiovascular.

Los factores de riesgo no modificables para desarrollar enfermedades cardiovasculares incluyen la edad, el sexo y los antecedentes familiares. Los hombres son más susceptibles en general a la enfermedad cardiovascular y también tienden a desarrollar enfermedades del corazón antes que las mujeres, aunque esta diferencia de género se reduce después de la menopausia, cuando los niveles de riesgo de las mujeres aumentan considerablemente. La enfermedad cardiovascular es más común en las personas mayores, y los cambios en el estilo de vida realizados de forma temprana en la vida pueden tener un impacto significativo en la susceptibilidad a la enfermedad años más tarde, con factores de riesgo modificables como el tabaquismo, la obesidad, la inactividad física, la hipercolesterolemia y la hipertensión.

La Obesidad y las Enfermedades Cardiovasculares

La obesidad es un factor de riesgo independiente para la enfermedad cardiovascular, destacando la implicación de la obesidad central en esta patología. Se cree que el exceso de peso afecta el corazón y al sistema circulatorio a través de una variedad de mecanismos, y ante la presencia de la obesidad, la enfermedad cardiovascular puede presentar retos adicionales en cuanto a la evaluación clínica y al diagnóstico. Soportar un exceso de peso corporal crea una mayor demanda metabólica, de tal manera que la carga de trabajo cardíaca para cualquier actividad física aumenta en relación con la masa adiposa total, y por tanto los individuos obesos muestran un mayor volumen sanguíneo total, de volumen sistólico y de gasto cardíaco en relación con los no obesos.

Esto puede ser parcialmente explicado por el hecho de que el tejido adiposo es vascular, siendo suministrado de sangre y oxígeno por una red de capilares. Con el tiempo esto puede conducir a aumento de la masa miocárdica, con un engrosamiento de las paredes de la cámara y con pérdida de elasticidad, lo que resulta en una enfermedad conocida como hipertrofia ventricular izquierda.

La hipertrofia ventricular izquierda es un indicador poderoso de la enfermedad cardiovascular preclínica, y se asocia con aumento de la morbilidad y mortalidad cardiovascular. La resistencia a la insulina puede contribuir al desarrollo de la hipertrofia ventricular izquierda. También existen evidencias que sugieren que el grado inicial de resistencia a la insulina puede ser más predictivo acerca de los beneficios cardiovasculares de la cirugía bariátrica que el IMC pre quirúrgico o la pérdida de peso postquirúrgica. La obesidad también puede conducir a la acumulación de depósitos de grasa alrededor de los órganos, incluyendo el corazón, causando disfunciones a través de la compresión mecánica o mediante la secreción de varios factores que actúan localmente sobre las células del órgano. La grasa también se puede acumular en el tejido no adiposo, causando daños o la muerte celular; se piensa que este síndrome metabólico, conocido como lipotoxicidad, está involucrado en la patogénesis de la enfermedad del miocardio, o con cardiomiopatía.

La hipertensión o presión arterial alta es otra afección fuertemente asociada con el sobrepeso y la obesidad que conlleva un riesgo adicional para la enfermedad cardiovascular. Existe una relación directa entre la presión arterial elevada y el aumento del IMC, con la presencia de la obesidad central como indicativo de una particular susceptibilidad a la hipertensión. La hipertensión puede acelerar la progresión de la aterosclerosis y también está íntimamente asociada al desarrollo de arritmias cardíacas.

¿Cómo el bajar de peso ayuda con las enfermedades cardiovasculares?

Se ha demostrado que la pérdida de peso post-bariátrica produce la disminución de los niveles de consumo de oxígeno y del gasto cardíaco proporcionalmente a la cantidad de peso perdido, esto reduce el volumen del corazón. Para las personas con obesidad severa con enfermedad cardiovascular demostrada, la cirugía bariátrica es asociada con un menor riesgo de mortalidad por cualquier causa, incluso en aquellos individuos con antecedentes de eventos cardiovasculares mayores. Los procedimientos bariátricos suelen tener un efecto beneficioso sobre otros factores de riesgo de enfermedad cardiovascular relacionados con la obesidad, tales como la resistencia a la insulina, diabetes tipo 2, la hipertensión y la hipercolesterolemia. La pérdida de peso post-bariátrica también puede facilitar la práctica de ejercicio regular, lo que contribuye a la reducción del riesgo cardiovascular.

Existe una evidencia significativa que sugiere que la pérdida de peso reduce el riesgo cardiovascular y mejora los resultados cardiovasculares, con la cirugía bariátrica reconocido como el medio más eficaz y duradero para lograr y mantener la pérdida de peso en personas obesas.

Colesterol y Triglicéridos

El Colesterol y cómo se relaciona con la Obesidad Mórbida y la Cirugía Bariátrica

El colesterol es un lípido, o tipo de grasa producido por el hígado y derivado de varias fuentes de alimentación. Aunque a menudo se hace referencia a él en términos negativos, el colesterol juega un papel esencial en muchos procesos en el cuerpo, incluyendo la formación de las membranas celulares y los revestimientos nerviosos, y en la fabricación de los ácidos biliares, las vitaminas solubles en grasa y de ciertas hormonas. Sin embargo, el colesterol alto o hipercolesterolemia se asocia íntimamente con problemas de salud importantes, como la afección cardiaca y el accidente cerebrovascular.

¿Qué es el Colesterol HDL y el LDL?

En términos simples, la lipoproteína de baja densidad (LDL) transporta el colesterol desde el hígado a las células en el cuerpo, mientras que las lipoproteínas de alta densidad (HDL) devuelve el colesterol de la sangre y las paredes arteriales al hígado para su eliminación.

Cuando está presente en mayor cantidad de lo necesario, el colesterol LDL puede acumularse en parches conocidos como placas en las paredes arteriales, lo que conduce a un estrechamiento de las arterias, o aterosclerosis. También es posible que una placa se rompa, causando un coágulo de sangre. De ahí que la presencia de altos niveles de colesterol LDL sea un factor de riesgo en afecciones como ataque al corazón, angina de pecho, enfermedad vascular periférica, accidente cerebrovascular y ataque isquémico transitorio. En contraste, los niveles más altos de colesterol HDL se asocian con mejores resultados de salud, incluyendo la reducción del riesgo de enfermedad cardíaca y accidente cerebrovascular. Por lo tanto, niveles altos de colesterol HDL “bueno” pueden proteger contra el aumento no saludable de colesterol “malo” LDL.

Factores de estilo de vida que contribuyen a la Hipercolesterolemia

La dieta y el estilo de vida son factores importantes en muchos casos de hipercolesterolemia. En particular, una dieta alta en grasas saturadas y grasas trans se asocia claramente con niveles elevados de colesterol LDL, mientras que el consumo de alimentos de la dieta ricos en colesterol, tales como huevos, camarones e hígado tienen relativamente poco impacto sobre los niveles circulantes de colesterol en la sangre en la mayor parte de los individuos.

También se sabe que las grasas trans poseen propiedades inflamatorias, contribuyen a la resistencia a la insulina y están asociadas con un mayor riesgo de enfermedades del corazón, diabetes y derrame cerebral.

La fibra dietética se considera generalmente beneficiosa para la salud digestiva. Se ha encontrado que el mayor consumo de alimentos ricos en fibra soluble tiene un efecto reductor sobre el colesterol LDL. La avena, los frijoles, las legumbres, las frutas y las verduras son buenas fuentes de fibra soluble.

El tabaquismo es un factor de riesgo conocido para la aterosclerosis debido a su efecto sobre el colesterol. Actúa sobre el colesterol HDL para reducir su capacidad de transportar el colesterol LDL de nuevo al hígado para su eliminación.

Aquellos que llevan un estilo de vida sedentario están en mayor riesgo de hipercolesterolemia, pues se conoce que el ejercicio regular posee un efecto beneficioso sobre los niveles de colesterol mediante la reducción de LDL y el aumento del colesterol HDL. El mecanismo subyacente de este proceso no se entiende muy bien, pero se cree que el ejercicio puede aumentar la eficiencia del transporte de colesterol al hígado, y también puede reducir la velocidad a la que se absorbe el colesterol a partir de fuentes dietéticas en la corriente sanguínea. La práctica del ejercicio regular puede ayudar a mantener un peso corporal saludable y está asociada independientemente con un menor riesgo de apoplejía, diabetes y enfermedad cardiovascular.

El Colesterol y los efectos de la Obesidad

Las personas con obesidad central o troncal, donde se distribuye predominantemente el peso extra alrededor del cuerpo y el abdomen superior, son particularmente susceptibles a la hipercolesterolemia. Este patrón de distribución de la grasa se ​​asocia con la presencia de niveles aumentados de grasa visceral, creyéndose que ésta es más activa metabólicamente que la grasa subcutánea predominante en patrones no-troncales de distribución de la grasa.

Cuando la obesidad es central, la hipercolesterolemia, la elevada glucosa en sangre y/o hipertensión ocurren al mismo tiempo, se puede llegar a realizar un diagnóstico de síndrome metabólico. Estos individuos tienen un mayor riesgo de desarrollar varias enfermedades graves como la diabetes, enfermedades cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares y algunos tipos de cáncer.

La Cirugía Bariátrica y su efecto beneficioso sobre los niveles de Colesterol

Se ha observado que los procedimientos bariátricos provocan un efecto beneficioso sobre los niveles de colesterol en individuos obesos, con procedimientos como el bypass gástrico que consiguen una mayor reducción de los niveles de colesterol LDL. Los procedimientos restrictivos como la gastrectomía en manga laparoscópica no parecen reducir el colesterol LDL en la misma medida, pero son igualmente eficaces para elevar los niveles de colesterol HDL y generalmente son comparables en términos de reducción del riesgo cardiovascular.

Apnea del Sueño

Obesidad y Apnea Obstructiva del Sueño

La apnea del sueño es una afección en la que se suspende temporalmente la respiración durante el sueño.  

Síntomas

Durante un episodio, la falta de oxígeno conocida como hipoxia, puede causar un cambio de un sueño profundo a un sueño ligero o incluso a la vigilia con el fin de restablecer la respiración normal. La mayoría de las personas no son conscientes de que esto ocurra, pero puede notar síntomas secundarios, como problemas de memoria o concentración, dolores de cabeza matutinos, somnolencia durante el día o cambios del estado de ánimo, que pueden surgir debido a la fragmentación del sueño.

Los ronquidos intensos son muy comunes y pueden ser intercalados con pausas o episodios de jadeo o inhalación cuando la respiración se interrumpe. Otros síntomas pueden incluir un aumento de la micción nocturna, disminución de la libido y dolor de garganta o boca seca al despertar.

Los síntomas pueden tener consecuencias devastadoras, pudiendo la somnolencia diurna dar lugar a accidentes automovilísticos, falta de productividad en el trabajo, deterioro de la función social y depresión. También hay algunas pruebas que apoyan una relación entre la apnea y el aumento de la mortalidad por cáncer, aunque se necesitan más investigaciones para confirmar esta asociación.

¿Cómo afecta la Obesidad a la Apnea Obstructiva del Sueño?

La obesidad es un factor de riesgo importante para la Apnea. Soportar un exceso de peso corporal puede dar lugar a un aumento en la masa de tejido blando alrededor de la zona del cuello, lo que resulta en un tamaño de garganta reducida y provocando una tensión adicional en los músculos de la garganta de modo que son más propensas a colapsarse. El aumento de la masa corporal alrededor del abdomen puede ejercer presión contra la pared del pecho, de modo que la respiración se ve afectada, sobre todo en postura supina.

Diagnóstico y Tratamiento

En algunos casos, puede llevarse a cabo una polisomnografía durante una noche en un laboratorio especialista del sueño, además de la vigilancia de los parámetros respiratorios, tales como el flujo de aire y el esfuerzo.

Puede ser aconsejados cambios de estilo de vida, como la pérdida de peso, dejar de fumar o reducir el consumo de alcohol.

Los casos de moderados a severos de Apnea a menudo son tratados con presión respiratoria positiva continua (CPAP), que implica el uso nocturno de una máscara nasal o bucal nasal conectada a una unidad de cabecera que ofrece un flujo continuo de aire comprimido a una presión suficiente para evitar el colapso de las vías respiratorias durante el sueño. Se considera generalmente que el uso de la CPAP es un tratamiento seguro y eficaz.

La Cirugía Bariátrica en relación con la Apena Obstructiva del Sueño

La pérdida de peso es asociada con la reducción en la severidad de la apnea. La Cirugía Bariátrica provoca una menor gravedad de la Apnea.

También se ha demostrado que la Cirugía Bariátrica produce una mejora de la calidad y duración del sueño en los individuos con obesidad mórbida.

Reflujo Ácido

El reflujo ácido se produce cuando el contenido del estómago se filtra hacia el tubo que conecta la boca con el estómago. Los síntomas comunes incluyen acidez, un sabor desagradable en la boca y dificultad para tragar. Menos comúnmente incluyen dolor de garganta, náuseas, y también se puede observar un aumento de la salivación y de la tos, estando asociado frecuente con un mayor riesgo de caries debido a la erosión que produce el ácido.

Cuando el reflujo ocurre con más frecuencia se clasifica como enfermedad de reflujo gastroesofágico, y si no es tratada puede conducir a complicaciones graves.

¿Cómo se relacionan la Enfermedad de Reflujo (ERGE) y la Obesidad?

La relación causa-efecto entre la obesidad y la ERGE es bien conocida: el aumento del índice de masa corporal (IMC) se correlaciona estrechamente con el aumento de la prevalencia de la ERGE. Sin embargo, estudios recientes han sugerido que la circunferencia de la cintura puede ser un predictor de riesgo más significativo que el IMC. Se sabe que la obesidad central, que adopta la forma de una elevado ratio de cintura-cadera, aumenta la presión dentro del estómago. Varias afecciones relacionadas con la obesidad, como la diabetes y la hernia de hiato, conllevan un riesgo particular para el desarrollo de la ERGE. La alteración del vaciado gástrico, o gastroparesia, es una complicación común de la diabetes. La gastroparesia puede llevar a un aumento en volumen del contenido del estómago y de la secreción de ácido, lo que puede contribuir a la relación entre la gastroparesia y la ERGE

Complicaciones de la Enfermedad Crónica de Reflujo

La exposición frecuente a los contenidos ácidos del estómago puede dañar el revestimiento o mucosa del esófago, causando que se irrite o se inflame, resultando a veces en la formación de úlceras que pueden sangrar. Esta afección, conocida como esofagitis, puede llevar a una molestia extrema, cicatrización y dificultad y dolores a la hora de tragar.

En algunos individuos, la exposición ácida crónica puede causar que la mucosa del esófago próxima al LES se vea sometida a un proceso conocido como metaplasia. Esta afección, conocida como esófago de Barrett, suele ser asintomática, pero es de gran importancia debido a su asociación con un mayor riesgo de desarrollo de adenocarcinoma, una forma rara de cáncer con una baja tasa de supervivencia.

Los pacientes obesos tienden a padecer más esofagitis severa y la obesidad ha sido identificada como un factor de riesgo independiente para el desarrollo de esófago de Barrett y la adenocarcinoma.

¿Cómo mejoran los procedimientos bariátricos el reflujo?

La investigación sugiere una correlación significativa entre la pérdida de peso y la reducción sintomática de la ERGE, con los resultados de un estudio reciente indicando que la pérdida de peso a través de los cambios de estilo de vida, por sí solos o en combinación con la cirugía bariátrica, pueden conducir a la completa resolución de los síntomas de la GERD. Además, dado que los procedimientos bariátricos implican la modificación del tracto digestivo, también pueden influir directamente en los síntomas de GERD, con resultados probables diferentes, dependiendo del procedimiento específico.

El Bypass Gástrico (RYGB) es un tratamiento óptimo para el Reflujo

El bypass gástrico es bien conocido por ser una opción de tratamiento muy eficaz para la ERGE en los obesos y obesos mórbidos, por lo que constituye el procedimiento bariátrico más frecuentemente seleccionado. Ayuda mediante la reducción de la producción de ácido en el estómago y en general el volumen del contenido estomacal.

Cáncer

La Obesidad y su relación con la patogénesis del Cáncer

Mientras que la relación entre el cáncer y la obesidad ha sido un importante foco de investigación. La grasa, o tejido adiposo, es metabólicamente activo, incidiendo en los niveles de varias hormonas en el cuerpo, incluyendo la insulina, la leptina adiponectina, y los estrógenos. Se sabe que un patrón central o abdominal de la distribución de grasa es metabólicamente más perjudicial que la obesidad general. En las mujeres premenopáusicas, la mayoría del estrógeno es producido por los ovarios. Cuando la producción ovárica de estrógenos cesa después de la menopausia, el tejido adiposo se convierte en la fuente principal de estrógenos en las mujeres obesas, y que por tanto pueden tener niveles significativamente más altos de esta hormona en su sangre que las mujeres no obesas. Estos niveles elevados de estrógenos han sido detectados en la patogénesis de varios tipos de cáncer incluyendo el cáncer de endometrio y de mama.

La obesidad puede provocar un estado de bajo grado inflamatorio crónico como tejidos metabólicos en el hígado, los músculos, el cerebro, el páncreas y otras partes del cuerpo que reaccionan a un suministro sobreabundante de nutrientes y de energía. La inflamación subaguda está relacionada con un mayor riesgo de cáncer, y también se cree que juegan un papel en la patogénesis de otras enfermedades relacionadas con la obesidad, incluyendo la resistencia a la insulina. La inactividad física, que es común entre las personas obesas, está positivamente asociada con un mayor riesgo de desarrollar varios tipos de cáncer, mientras que se sabe que el ejercicio regular tiene un efecto anti-inflamatorio.

La resistencia a la insulina, es un factor de riesgo para el desarrollo de algunas formas de cáncer. La grasa de la dieta también se conoce por su efecto de activar las vías inflamatorias en el cuerpo, y hay cierta evidencia que sugiere que una dieta rica en grasas puede promover la progresión del cáncer independientemente de la diabetes o la obesidad.

El Cáncer relacionado con la Obesidad

La obesidad es un importante factor de riesgo modificable en relación con el cáncer, sólo superada por el uso del tabaco. Se asocia con un riesgo particular de desarrollar cáncer de esófago, páncreas, intestino, tiroides, vesicula biliar, endometrio y riñón, así como cáncer de mama posmenopáusico.

Cáncer de Esófago

El adenocarcinoma es mucho más común en los obesos que entre los individuos no obesos y está vinculado a la presencia de la enfermedad de reflujo gastroesofágico (GERD) y, en particular, a una afección conocida como esófago de Barrett, para los cuales la obesidad es un factor de riesgo conocido.

Cáncer de Tiroides

Han sido identificadas varias formas diferentes de cáncer de tiroides, de las cuales las variantes papilar y folicular son las más comunes. El principal síntoma de cáncer de tiroides es la presencia de un bulto o nódulo indoloro en el cuello.

Las personas obesas tienden a presentarse con formas más agresivas de cáncer de tiroides papilar que sus contrapartidas no obesas y la investigación también indica que el cáncer de tiroides con frecuencia se diagnostica en una etapa más avanzada en las personas obesas. La mayoría de los cánceres de tiroides son tratables, pero la detección tardía se asocia con una mayor mortalidad, por lo que algunos especialistas defienden la detección ecográfica de los pacientes obesos de más de 45 años de edad.

Cáncer de la Vesícula Biliar

El adenocarcinoma es el tipo más común de cáncer de la vesícula biliar, que afecta a las células que recubren a dicho órgano. Hay varios factores de riesgo para la enfermedad, incluyendo un historial de problemas de vesícula biliar tales como cálculos biliares, anomalías del conducto biliar, la vesícula de porcelana y pólipos vesiculares, así como el tabaquismo, los antecedentes familiares y la obesidad.

Existe una relación positiva entre el IMC y la susceptibilidad al cáncer de la vesícula biliar, con algunos estudios que sugieren una fuerte asociación entre la obesidad y el riesgo de cáncer de vesícula biliar, mayor en las mujeres que en los hombres. Además, los individuos obesos tienen un mayor riesgo de desarrollar cálculos biliares, que a su vez aumentan el riesgo de desarrollar cáncer de la vesícula biliar.

Cáncer de Riñón

La obesidad está asociada con un mayor riesgo de desarrollar carcinoma de células renales – la forma más común de cáncer de riñón – tanto en hombres como en mujeres. Mientras que la hipertensión es un factor de riesgo conocido para la enfermedad, y también es común en las personas obesas, el vínculo entre el carcinoma de células renales y el IMC existe independientemente de la hipertensión.

Cáncer de Endometrio

El cáncer de endometrio es un tipo de cáncer que inicialmente se desarrolla dentro de la pared de la matriz o el útero, de los cuales la forma más común es el adenocarcinoma. La obesidad está fuertemente vinculada a un mayor riesgo de desarrollar cáncer de endometrio, con relaciones positivas existentes entre el peso y la proporción cintura-cadera  y el aumento de la susceptibilidad a la enfermedad. El cáncer de endometrio es más común en mujeres entre edades de 60 y 80 años, y algunos estudios sugieren que la obesidad puede ser un factor que contribuye en más del 50% de los casos, los cambios hormonales que se observan en las mujeres obesas pueden estar directamente vinculados a la promoción del crecimiento de células de cáncer de endometrio. La diabetes tipo 2 es también un factor de riesgo conocido para el desarrollo de este tipo de cáncer.

El Cáncer de Mama Posmenopáusico

La relación entre la obesidad y el cáncer de mama posmenopáusico está bien establecida, con investigaciones que indican un posible aumento en el riesgo de hasta el 30% en las mujeres obesas por contra a las que no padecen sobrepeso. La obesidad en el momento del diagnóstico también se asocia con un peor pronóstico. Se piensa que los niveles elevados de estrógeno observados en mujeres obesas posmenopáusicas desempeñan un papel importante en la patogénesis de la enfermedad. La distribución de la grasa corporal puede ser también un factor, con una relación cintura-cadera alta asociada con riesgos adicionales.

Varios estudios han reportado que las mujeres cuyo IMC aumenta entre la edad de alrededor de 20 años y el inicio de la menopausia entre 50 y 60 años tienen un mayor riesgo de desarrollar cáncer de mama después de la menopausia que las mujeres cuyo índice de masa corporal se mantiene estable durante el mismo período de tiempo.

Cáncer de Intestino

El cáncer de colon es significativamente más común en personas obesas, en los hombres en particular, mostrando una mayor susceptibilidad a la enfermedad en relación con un IMC elevado. De la grasa corporal, las mujeres también muestran una mayor susceptibilidad al cáncer de intestino, lo que sugiere que la presencia de la obesidad central puede contribuir al desarrollo de la enfermedad en las mujeres. La inactividad física y una dieta rica en carnes rojas y grasas saturadas y bajas en fibra también se asocian con un mayor riesgo de cáncer de intestino.

Cáncer de Páncreas

La obesidad y la diabetes están asociadas con un mayor riesgo de desarrollar cáncer de páncreas. Existe una relación positiva entre el IMC y la susceptibilidad a la enfermedad, pero ya que el riesgo de diabetes también está asociado, hay ciertas evidencias que sugieren que la dieta puede ser también un factor, con el consumo de carnes cocidas a altas temperaturas y alimentos conservados muy ligados a un mayor riesgo de cáncer de páncreas.

La Cirugía Bariátrica y cómo se puede reducir el riesgo del Cáncer

Varios estudios que han comparado a individuos obesos sometidos a cirugía bariátrica con personas obesas no sometidas a cirugía han detectado una asociación entre la cirugía bariátrica y la disminución del riesgo de cáncer. Si bien en general se supone que los procedimientos bariátricos reducen el riesgo de cáncer mediante la pérdida rápida de peso, pueden ser posibles otros mecanismos. La restricción calórica reduce el riesgo de mortalidad por cáncer. Los cambios en la dieta que llevan a la reducción de la ingesta de grasas saturadas, sal y carnes procesadas, con un mayor consumo de frutas, verduras y fibra también se asocian con un riesgo reducido de cáncer.

Se piensa que la cirugía bariátrica facilita la pérdida de peso permanente en aquellos que previamente han luchado por mantener un peso corporal saludable sólo mediante la dieta, y por lo tanto puede actuar para mitigar este riesgo.

Depresión

Depresión y Obesidad

La depresión es frecuente en toda la sociedad, pero esta enfermedad es especialmente común entre las personas con obesidad. La depresión es una enfermedad común pero potencialmente incapacitante que puede involucrar una serie de síntomas físicos, cognitivos, conductuales y emocionales, pero más frecuentemente se caracteriza por los síntomas principales de la persistente tristeza o desánimo, y la pérdida de placer o interés por las actividades cotidianas. Existen varias teorías de por qué se produce la depresión, creyéndose que influyen factores psicológicos, fisiológicos, sociales y genéticos. Una enfermedad, una lesión o un acontecimiento vital estresante pueden precipitar un ataque de depresión, y los individuos con rasgos de personalidad tales como la baja autoestima, una imagen negativa de sí mismos, una tendencia al pesimismo o la auto-recriminación son particularmente vulnerables a esta enfermedad. La presencia de diabetes, enfermedad cardiovascular, trastornos de la alimentación y obesidad también son considerados factores de riesgo para la depresión.

¿Qué significa un diagnóstico de Depresión?

Mientras que la depresión puede ser clasificada como leve, moderada o grave, los síntomas depresivos componen un amplio conjunto y puede variar mucho entre los individuos. La fatiga o falta de energía, problemas de concentración, sentimientos de inutilidad, culpa excesiva o inapropiada, alteraciones del sueño, pensamientos recurrentes de suicidio o autolesión, cambios en el apetito y aumento o disminución de la actividad física y mental, todo puede ser un síntoma de la enfermedad, pero para alcanzar un diagnóstico clínico claro de la depresión los síntomas principales, estado de ánimo bajo y pérdida de interés en actividades diarias, deben estar presente en la mayoría de los días durante un periodo mínimo de dos semanas, en ausencia de una fuente externa de estrés, tales como una pérdida u otro acontecimiento importante de la vida. (Los síntomas depresivos pueden manifestarse con frecuencia después de tales eventos y sólo se consideran patológicos si persisten durante un período prolongado de tiempo).

Actualmente no existen pruebas de laboratorio para la depresión, por lo que el diagnóstico se basa en la entrevista clínica, a veces junto con un cuestionario de auto-informe o una escala de calificación, como el Cuestionario de Salud del Paciente (PHQ-9) o el Inventario de Depresión de Beck.

Deterioro Funcional y Calidad de Vida

El deterioro funcional está fuertemente asociado con la depresión y las personas obesas experimentan deterioro de la función física y niveles de calidad de vida reducidos. El exceso de peso puede hacer que sea más difícil realizar día a día las actividades de base, experimentando mayor dificultad aquellas personas con mayor IMC. La falta de ejercicio físico es común entre las personas obesas, y está positivamente asociado con la depresión. Las personas obesas también están sujetas a tasas elevadas de enfermedades crónicas, que pueden afectar directa e indirectamente en la capacidad funcional y la calidad de vida. La diabetes, en particular, a menudo se asocia con la obesidad y también un factor de riesgo conocido para la depresión.

Una persona obesa puede percibirse a sí misma como menos saludable o capaz de lo que es en realidad. Esta forma de percepción negativa de sí mismo está muy asociada con la depresión.

La autoestima, el estrés y los prejuicios sobre la Obesidad

La exposición al prejuicio puede llevar a una pobre imagen de sí mismo, a una baja autoestima y a la depresión, particularmente en individuos con una alta auto-aceptación de estereotipos negativos. Es sabido que los prejuicios relacionados con el peso aumentan en línea con el IMC con los individuos de mayor peso sujetos a más altos niveles de estigma social, y siendo las mujeres obesas en particular más propensas a no estar satisfechas con su forma corporal, y teniendo una auto-imagen más pobre que la población en general. Unas fuertes redes sociales y relaciones de apoyo pueden tener un efecto protector contra el estrés y la depresión, pero a menudo los prejuicios pueden precipitar el aislamiento social, el rechazo y la soledad.

Depresión con los intentos de pérdida de peso

Varios estudios han mostrado una relación entre la dieta repetida o “yo-yo” y la depresión. Un intento fallido de controlar el peso mediante una dieta, o la recuperación del peso después de una dieta exitosa, puede fomentar un sentimiento de fracaso, lo que lleva a un estado de ánimo bajo. Hay también una cierta evidencia que sugiere que estar sometido a una dieta puede conducir a uno mismo a bajo estado de ánimo. La investigación ha demostrado que un mayor IMC se asocia con un mayor número de intentos de dieta. Por lo tanto, es probable que una persona con un alto índice de masa corporal en particular haya hecho dietas sin éxito varias veces, y por lo tanto como resultado pueden ser más propensos a un estado de ánimo bajo.

El aumento de peso activa las vías inflamatorias, lo que hace que la obesidad sea clasificada como un estado inflamatorio crónico y la inflamación sea un factor de riesgo para la depresión.

Procedimientos Bariátricos como tratamiento para la Depresión

La evidencia actual sostiene que los procedimientos bariátricos tienen un efecto beneficioso sobre la depresión. La cirugía bariátrica se asocia con mejoras en varias afecciones de salud vinculadas a la depresión, como la diabetes y la enfermedad cardiovascular, y la pérdida de peso puede facilitar mejoras significativas en la calidad de vida, la función física y la autoestima. Sin embargo, mientras que algunos estudios han informado de una correlación directa entre la pérdida de peso posquirúrgica y la reducción de los síntomas depresivos, también hay pruebas que sugieren que los procedimientos bariátricos pueden mejorar los efectos de la depresión independientemente de que se produzca la pérdida de peso.

El ejercicio puede ayudar a superar la Depresión

Los efectos neuroendocrinos del ejercicio son muy parecidos a los de algunos medicamentos antidepresivos, y mientras que el ejercicio generalmente no es suficiente para resolver la depresión o la obesidad, se sabe que tiene un efecto beneficioso sobre los niveles del estado de ánimo y el estrés, así como en la promoción de la pérdida de peso. Las experiencias iniciales negativas de ejercicio son un fuerte predictor del fracaso general a la hora de adherirse a un régimen de ejercicio; por lo general es preferible elegir una actividad agradable o tratar de incorporar pequeñas cantidades de ejercicio en un horario ya establecido en lugar de comenzar con una forma difícil o inconveniente de ejercicio.

Psicoterapia

Se consideran altamente eficaces varias formas de psicoterapia, o terapia del habla, en el tratamiento de la depresión, estando particularmente bien validada la Terapia Cognitivo-Conductual (CBT). La CBT también puede ayudar a hacer frente a las conductas no saludables asociadas con los alimentos y la alimentación y facilitar el desarrollo de habilidades tales como la gestión del tiempo y la planificación a largo plazo, que son importantes en el manejo del estrés y para mantener un estilo de vida saludable.

Medicamentos Antidepresivos

Los medicamentos antidepresivos pueden ser prescritos solos o en combinación con la psicoterapia. Las formas más comúnmente prescritas de antidepresivos actúan sobre los mensajeros químicos o neurotransmisores del cerebro, como la serotonina o la noradrenalina, que se sabe que afectan el estado de ánimo y la respuesta emocional.

Los antidepresivos pueden ayudar a reducir los síntomas depresivos de forma relativamente rápida en individuos sensibles, produciéndose normalmente el inicio de su efecto en un plazo de dos a seis semanas desde el comienzo del tratamiento. Sin embargo, investigaciones recientes sugieren que los antidepresivos pueden no ser efectivos para casos de leves a moderados de la depresión, y se pueden producir efectos secundarios como aumento de peso, trastornos digestivos, sequedad de boca, insomnio, disfunción eréctil e hiperhidrosis. Además, los fármacos antidepresivos tratan los síntomas y no las causas subyacentes de la depresión, por lo que las recaídas son comunes al producirse la interrupción del tratamiento.